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sábado, 22 de marzo de 2008

De cómo Perón inventó la Pascua

Eaeaea!

Pascua, salames! Y lo digo en otro idioma: Salaam, pascuales!

En esta época de pascuas quisiera tomar un tiempo para reflexionar sobre el verdadero sentido de esta celebración.

Omitiré ya las harto sabidas historias de connotación religiosa, tanto la que se cuenta en el círculo de las chotas mutiladas como la otra que dice lo de la crú. En cambio, iré al grano, haciendo referencia a lo que vale la pena: los huevos.

Los huevos de pascua los inventó Perón, en su segunda reencarnación, allá en 1643.

En esa época, la gente ya solía pintar huevos de salamandra en días arbitrarios, y poner a los pibes a buscarlos, logrando así que los pibes no rompieran las pelotas durante todo el día. A veces, los niños no tenían ganas de jugar, y sólo iban con un palo pegandole a todo arbusto, quebrando así las cascarolas y derramando el embrión salamándrico, por lo que daban por finalizada prontamente la cacería y volvían a la casa a molestar a sus padres, tutores, o encargados. De esta época proviene la expresión "romper los huevos" como sinónimo de "romper las pelotas".

Fué Perón quien declaró: "Los únicos privilegiados son los niños, por eso queda prohibida la reproducción, total o parcial, de esta cosa de ir y mandarlos a buscar huevos. La única excepción será un dia al año; en ese dia los niños tendrán prohibida la rotura intencionalk de todo elemento oval, y tendrán que buscar sí o sí hasta encontrarlos todos."

Perón entonces contrató a Fyódor Farlestini, un conocido ingeniero mecánico de la época, y le encargó el trabajo de diseñar un aparato económico, fácil de usar y de fácil distribución, que fabricara huevos decorados y librara así al pueblo de la tarea pesada de andar pintando huevos a troche y moche.

Sin demoras, Farlestini se encerró en su tallercito sin otra compañía que su tortugo Alan Pauls, y se puso a pensar. Probó, probó y probó, y nada salía: o los diseños eran inviables (por ejemplo, el primer prototipo trataba de pintar un huevo con un clavo y, en consecuencia, lo rompía), o eran costosos (uno de los prototipos consistía en una caja donde se ocultaría un enano con témperas de colores, pero el sindicato de enanos fijaba salarios realmente altos), o no podían ser fácilmente distribuídos (otro diseño necesitaba un reactor nuclear para hacer dos cuadras).

Descartó las salamandras, los patos y las iguanas, todos porque sus huevos eran de difícil producción masiva. Descartó también al rinoceronte, a racing y al yaguareté, pues ninguno pone huevos.

Agobiado por el fracaso, decidió renunciar, pero cuando trató de salir de su taller descubrió que le habían afanado el picaporte. Consternado, empezó a quejarse "Cómo puede ser! Como! Como como como, có, cocó cococó!" y le vino la idea. Levantó el tubo de su peronphone satelital, y del otro lado respondió el general.

-"General, la gallina pone huevos?"
-"Todavía no, pero si quiere hago que sí, compañero"
-"Dealé, por favor"

Y el general agitó su mano imaginaria, y por arte de magia todas las gallinas fueron ovíparas por naturaleza. Entonces, Fyódor Farlestini pudo completar su máquina decorahuevos, que tenía forma de gallinácea en posición de cagar, con una amplia ranura en el pecho para poner monedas. Se inserta un huevo en la boca, se pone una moneda, y sale el huevo pintado por el ojete del curioso aparato.

El General Perón repartió este aparato en el Plan Quinquenal de 1643, el primero de la era de nuestro señor. Y fue así que en nombre de Perón todos los niños tuvieron un día de algarabía y los padres de tranquilitud, y todos fueron felices y comieron huevos.

Hoy en día, la única "Máquina cacareadora de procesamiento de huevos, con ranura en el escote" en existencia se conserva en el ala principal del Museo de las Reencarnaciones de Perón, en Playa Franca. Miles de turistas visitan cada año este maravilloso aparato con el que Perón inventó la Pascua y trajo felicidad al mundo.


Máquina cacareadora de procesamiento de huevos con ranura en el escote, en el museo de Playa Franca


Felices pascuas, la casa es un quilombo pero se disfruta, che.

Atte;

Socho