martes, 8 de julio de 2008

Redemption post

Este es uno de esos posts que uno escribe para quien nunca lo leerá. Este es un post para vos, Noemí.

Ocho de julio.

Ya van seis años, media docena.

Dicen que el tiempo mitiga lo que duele, y es cierto. Velos cubren las cansadas lágrimas, los vacíos abismales.

Lo que fue negro se torna gris, y desaparece de a poco; y va quedando lo blanco, lo inmaculado. No todo, porque el olvido es inexorable; pero hay cosas que el olvido borrará sólo borrándome a mí, hay cosas que no voy a olvidar.

Ese abrazo y ese "ya pasa, ya pasa" en ese día tan particular mío, en que lloré como cuando tenía tres años. Ese día en que no me quería levantar y le abriste la puerta al perro para que me despierte (sin importar que enchastrara todo).

Media docena.

El esfuerzo que pusiste, todo el sacrificio. Las largas caminatas sin un mango para acompañarme al médico, allá hace tiempo. Las charlas. Las jodas. Las veces que me acompañaste en la risa, y tantas otras en el llanto. Las veces que renegaste como condenada por alguna pelotudez que se me ocurrió.

Seis años.

Esa vez que te sobraban cinco mangos y en vez de comprarte puchos me llamaste para que te encontrara en la fuente de Lanús, y sin motivo, casi bizarramente, se te ocurrió invitarme un submarino en un bar.
Las veces que me defendiste con razón, las veces que me defendiste siendo indefendible. Todo, absolutamente todo lo que me enseñaste; lo que nos enseñaste.

Seis años ya, y miro alrededor y nada de lo que veo pude haberlo tenido o disfrutado si no hubiese sido, directa o indirectamente, por vos. Nada. Y no hablo de materialidades; hablo de valores. Hablo de valor. Hablo de fuerza, discreción, ideales; forma de ver y encarar todo.

Miro para atrás en este ocho de julio que ya no es maldito como lo fue hace seis años, y se me ocurren dos palabras que resumen lo que te quiero decir.

La primera es: gracias; desde el alma. Gracias por haber estado y formado parte de mi vida, de haberla enriquecido tanto tanto tanto. Gracias por mostrarme bueno y malo, blanco y negro, y sobre todo por dejarme la decisión a mí; gracias por hacerme lo que soy, de la manera que soy. Gracias por el sopapo bien dado y por el "bien, pibe" a tiempo. Gracias por mostrarme cómo ir para adelante siempre, aunque haga falta a veces retroceder. Gracias, mil gracias, Noe.

La segunda palabra es: redención; redención que se alcanza si se quiere, en cualquier ámbito de la vida y concerniente a cualquier acción. Redención de uno mismo, frente a uno mismo. Redención de la de verdad, no de la que aguarda escondida tras un símbolo o un conjunto de reglas.
Redención, paz del alma, paz de mente; claridad de vista, olfato agudo y oído abierto. Redención, proceso por el cual uno es mejor persona, artista, o lo que fuera. Redención.

Gracias por darme todo antes de que lo necesitara; gracias de verdad. Gracias por hacerme mejor de lo que era, y por darme lo necesario para seguir mejorando. Por darnos lo necesario.

Lo que puedo darte no lo puedo postear, pero sí puedo dejarte tres piezas musicales que te gustaban, para que le gusten a otro ahora, a otro que tal vez también lo escuche con los ojos cerrados y tarareando casi en silencio, a otro a quien quizás también hagan bien; a otro para quien también signifiquen algo hoy.

Ocho de julio.

Seis años.

Media docena.

Y nos seguís haciendo falta, rubia. Mucho.

Saludos a todos, Noe. Te manda un abrazo inmenso Nahuel.









(A Dora Noemí Del Bene)